Texto de demostración. Cuando escribir una nota tomaba una tarde, publicar tres por semana era una señal de trabajo serio. Hoy un asistente produce tres notas en diez minutos. Si todos pueden publicar más, publicar más deja de distinguir a nadie.

El costo que no se ve

Producir contenido se abarató, pero leerlo no. Cada pieza que publicamos compite por la misma atención limitada de nuestra audiencia, incluida la atención que le debemos a nuestras propias piezas anteriores.

El recurso escaso ya no es el texto. Es la atención de quien lo lee.

Tres preguntas antes de publicar

  1. ¿Qué sabe el lector después de leer esto que no sabía antes? Si la respuesta es “nada nuevo”, no se publica.
  2. ¿Por qué lo decimos nosotros? Tiene que haber experiencia, datos o un punto de vista propio.
  3. ¿Qué pieza existente mejora o reemplaza? A veces lo mejor es actualizar, no publicar.

Un ejercicio de poda

Un equipo que revisa su archivo suele encontrar algo parecido a esto:

Estado de la pieza % del archivo Acción
Vigente y con visitas 20 % Mantener
Vigente, sin visitas 35 % Mejorar o fusionar
Desactualizada 30 % Actualizar o redirigir
Duplicada 15 % Eliminar y redirigir

Cifras de ejemplo.

Podar no es perder trabajo. Es dejar a la vista el trabajo que sí sirve.

Lo que cambia en el equipo

  • Menos tiempo redactando, más tiempo investigando y editando.
  • Calendarios con menos piezas y más profundidad.
  • Indicadores que premian el impacto de cada pieza, no el volumen.

La pregunta ya no es cuánto publicamos, sino qué dejaríamos de publicar.